lunes, 29 de noviembre de 2010

Sanidad promueve los medicamentos genéricos

'Medicamentos genéricos: mejoras tú, mejoramos todos y todas'. Es el lema -en masculino y femenino, para que se note la huella de Igualdad- de la nueva campaña que ha lanzado el Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad para promover el uso de estos fármacos y reducir el gasto farmacéutico.
La campaña, presentada por el secretario general de Sanidad, José Martínez Olmos, y el director general de Farmacia y Productos Sanitarios, Alfonso Jiménez, se enmarca dentro de un Plan de impulso a estas medicinas que tiene como objetivos: mejorar la información y la educación de los ciudadanos sobre medicamentos genéricos potenciando su utilización y mejorando su imagen; implicar a las oficinas de farmacia en esta información; mejorar la información y formación de los médicos sobre la seguridad y eficacia de estos productos y agilizar el procedimiento de autorización de comercialización.
La medida se enmarca en las actuaciones que está llevando a cabo el Ministerio en política farmacéutica, pues considera este ámbito esencial para la sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud (SNS). De hecho, el gasto farmacéutico representa más de un 25% del gasto sanitario total, sólo por detrás del capítulo correspondiente a los gastos de personal.
Las acciones emprendidas por el Ministerio relacionadas con la rebaja de los precios de los medicamentos financiados por el Sistema Nacional de Salud han permitido que en octubre, por primera vez en la historia la factura farmacéutica pública por recetas, se registre un crecimiento interanual negativo (-0.03%) en relación al mismo mes del año anterior.
En este contexto de contención del gasto farmacéutico juegan un papel fundamental los medicamentos genéricos que, según datos de 2009, representan el 23,82% del total de envases dispensados por las farmacias y el 9,38% de la facturación. Esta cifra ha tenido un considerable aumento desde 2004 (cuando se situaba en solo el 8,85%).
A estos números, y a efectos de ahorro para el Sistema Nacional de Salud, habría que añadir el consumo de los medicamentos de marca que por haber perdido la patente en los últimos años han pasado a dispensarse con un precio de referencia similar al de los medicamentos genéricos.
De este modo, la suma de ambas partidas (medicamentos genéricos más medicamentos de marca sin patente) daría como resultado un consumo de medicamentos a precio de genérico del 42,26% sobre el total de envases dispensados en las farmacias, cifra superior a la media europea de consumo en medicamentos genéricos que se sitúa en sólo el 35%.
Para subir aún más el porcentaje, Sanidad ha preparado esta nueva campaña, que cuenta con una inversión inicial de 2.130.169,58 euros.

Todos los médicos del presidente

Durante nueve años, Connie Mariano fue la sombra de los tres últimos presidentes de EEUU, Bush padre, Bill Clinton y George Bush hijo. Esta doctora militar, de origen filipino, fue la primera de su raza y de su sexo en ocuparse de la salud del inquilino de la Casa Blanca; pero también de la familia del presidente, el personal que allí trabaja y de sus huéspedes más ilustres. Las memorias de Mariano llegan ahora a las librerías con un título más que significativo: 'El médico de la Casa Blanca: mis pacientes eran presidentes'.
Que el suyo no fue un trabajo fácil puede dar cuenta el ex marido de Mariano, del que se divorció durante su estancia en la Casa Blanca. Más de 20 personas a su cargo, turnos larguísimos, viajes constantes, jet lag permanente sin posibilidad de recurrir a pastillas para dormir... son sólo algunas de las 'penurias' que Mariano relata en el libro, como esta semana recoge el diario 'The New York Times'.
En España, como explican a ELMUNDO.es fuentes de Moncloa, existe desde 1989 un sistema sanitario que presta atención al presidente y ex presidentes del Gobierno, a los vicepresidentes, ministros y a los altos mandatarios extranjeros que se encuentren aquí de visita. Se trata, explican, de un equipo de siete médicos y varias enfermeras que compatibilizan esta tarea con su trabajo en hospitales públicos del sistema nacional de salud (de manera que cumplen sus guardias en el Palacio de la Moncloa en lugar de hacerlas en su hospital correspondiente).

En EEUU, médicos militares

El servicio médico de la Casa Blanca, mucho más amplio que el español, está compuesto por 24 personas y cuenta con un sanitario de guardia permanentemente a pocos metros del Despacho Oval con acceso ilimitado a las estancias privadas del edificio. Como relata Connie Mariano, por razones de seguridad, se trata de personal militar ("pocos médicos privados pueden abandonar su dedicación durante cuatro años para dedicarse a esto") con formación adecuada en materia de seguridad.
Por ejemplo, permanecen siempre fuera de la llamada 'zona de tiro', para evitar ser víctimas de alguna bala perdida ("no puedes atender al Presidente si estás muerto") y visten habitualmente de civiles en sus desplazamientos a lugares públicos con su 'paciente' porque se considera que los uniformes militares son un objetivo más fácil en posibles incidentes.
Entre sus obligaciones se incluyen la preparación de las visitas del presidente, tanto dentro de EEUU como en el extranjero, revisando las posibles instalaciones médicas y hospitales en los alrededores. "Mientras mis compañeros de los Servicios Secretos buscan bombas y balas, yo busco bacterias y problemas médicos en el entorno", bromea esta especialista.

De guardia en Moncloa

Los siete médicos que componen el equipo que atiende al presidente del Gobierno español se turnan rotatoriamente, de manera que siempre hay un médico y una enfermera en el Palacio de la Moncloa ("24 horas"), o acompañándole en sus desplazamientos. Estos sanitarios están dirigidos por una persona que es quien coordina toda la atención médica y programa posibles intervenciones.
Este sistema está regulado, añaden las mismas fuentes, "por un convenio con la sanidad pública" hace más de 20 años y basado en la más absoluta discreción.
De hecho, entre los pocos detalles médicos que revela en sus páginas el libro estadounidense, la doctora Mariano afirma que operó a Clinton del tendón del cuádriceps con anestesia epidural en lugar de general para no tener que recurrir a la 25ª enmienda, que se refiere a la sustitución temporal del presidente cuando éste se halla incapacitado. Aunque también se vio en situaciones comprometidas con algún invitado a las fiestas de Navidad a quien tuvo que hacerle la maniobra Heimlich para evitar que se atragantase.
Aunque ella misma también fue víctima de alguna manera de las secuelas de su trabajo al no acudir antes al médico por una contractura en el cuello que acabó por afectarle al brazo. Ahora, ya retirada de la primera línea, trabaja atendiendo a pacientes privados de elite en Arizona.

El verdadero poder de la testosterona

Hace algunos años se puso de moda el término andropausia. Pronto cayó en desuso porque, si bien es cierto que existe una afección que sería más o menos el equivalente masculino de la menopausia, no se da en todos los hombres. La denominación correcta es hipogonadismo de inicio tardío y se calcula que afecta a en torno un 30% de los varones mayores de 50 años. Se caracteriza por una disminución de los niveles normales de testosterona, junto con uno o más de los siguientes síntomas: baja libido, disfunción eréctil, falta de fuerza, reducción de la masa muscular, incremento de la grasa corporal, estado de ánimo decaído, menor vitalidad...
La solución es sencilla: se administra a los pacientes la sustancia que les falta. Es lo que se está haciendo en Estados Unidos y, en menor medida, en Europa. Pero, como parece que siempre hay alguien que se encarga de complicar lo aparentemente simple, esta terapia no está exenta de polémica.
De un lado, están quienes pretenden extender su uso a toda la población entrada en años; por otro, los que advierten sobre sus riesgos o dudan de su potencial terapéutico.
En medio de los dos extremos se encuentran los especialistas que, con las últimas evidencias científicas en la mano, creen que hay que sopesar cada caso concreto y seleccionar correctamente a los individuos que pueden obtener un mayor beneficio con el tratamiento.
Lo cierto es que los hombres con niveles normales de la hormona masculina no van a convertirse en máquinas sexuales gracias al consumo de testosterona. No hay ningún estudio que lo demuestre. En cuanto a los peligros que puede plantear esta terapia, los expertos tienen claro que son poco frecuentes y siempre controlables.

Escepticismo

Uno de los últimos estudios críticos con el reemplazo hormonal masculino se ha publicado en el 'British Journal of Urology International'. Sus autores revisaron los datos de un trabajo anterior en el que participaron más de 8.000 hombres estadounidenses de mediana edad o mayores y llegaron a la conclusión de que se ha sobrevalorado el papel de la testosterona. En comparación con otros indicadores (edad, síntomas urinarios, índice de masa corporal y diabetes), esta sustancia resultó ser el factor menos asociado a la función sexual.
Los responsables de esta investigación critican los "millones de prescripciones que se realizan cada año en Estados Unidos" y recalcan el alto coste que suponen. Reconocen que la hormona tiene un claro impacto en la sexualidad, pero señalan que, una vez que empiezan a descender sus niveles en sangre, no están claras las cifras de corte a partir de las cuales se puede hablar de patología. Los expertos españoles a los que ha consultado ELMUNDO.es no están de acuerdo con las conclusiones del citado estudio.
Aquí el tratamiento está mucho menos extendido que al otro lado del Atlántico y los especialistas encargados de prescribirlo estiman que muchos hombres que no están recibiendo testosterona podrían mejorar sustancialmente su calidad de vida con ella. "Es un tratamiento seguro y con pocos efectos secundarios. Cada vez hay más endocrinos y urólogos formados y proclives a administrarlo", asegura Juan Ignacio Martínez Salamanca, urólogo del área de Medicina Sexual en el Hospital Universitario Puerta de Hierro-Majadahonda (Madrid).
Comparte esta visión el urólogo Jorge López-Tello, del también madrileño Hospital Infanta Sofía de San Sebastián de los Reyes. Además, agrega que las pautas terapéuticas que se siguen, reflejadas en protocolos internacionales, garantizan que solo reciba la hormona quien realmente está en condiciones de sacar provecho: "Además de comprobar la existencia de sintomatología y de niveles bajos de testosterona, evaluamos cada tres o seis meses si mejora el deseo sexual. Si en ese plazo no funciona, es que no va a dar resultado". En ese caso, se debe suspender el tratamiento.
Otra de las claves es informar correctamente al interesado. Tal y como señala José Mª Martínez Jabaloyas, especialista en Urología del Hospital Clínico Universitario de Valencia, "hay que explicar al paciente que es un tratamiento a largo plazo y a veces es para toda la vida". Los beneficios también pueden ser para siempre: hay estudios que vinculan la testosterona a una menor mortalidad y en algunos casos de diabetes se ha observado que el tratamiento sustitutivo puede mejorar el efecto de la insulina.